Sexta-feira, 2 de Outubro de 2009
Interpretar la temporalidad en Heidegger con el ejemplo del reloj y su muelle

Para Heidegger, el modo esencial del ser-ahí (cada hombre) es la cura o cuidado, es decir, la ocupación, el deseo de llegar a algo o de llegar a ser algo y la preocupación en todas sus dimensiones (ejemplos: el mantener su salud comiendo y trabajando, el conservar o ampliar su circulo de amigos, el ayudar a su cónyuge, hijos y padres, el conducir el coche en la carretera, el acumular dinero en la cuenta bancaria, el asistir el partido de fútbol o la sesión de cine, el tomar los medicamentos o acorrer a la consulta del médico, el votar en las elecciones, etc, etc)

 

  

 

Se diría que la temporalidad - subjetiva y objetiva a la vez, o, mejor, algo diferente, en cuanto síntesis de ambos estadios - determina la cura, todo el comportamiento del ser-ahí. El tiempo es como el muelle de un viejo reloj que hace mover las manecillas y se detiene en el momento de la muerte. Se compara a la voluntad de vivir en la filosofía de Schopenhauer. El tiempo originario es una fuerza propulsora que se extingue con la muerte de uno, una causa eficiente permanente. La noción de tiempo no como sustancia, sino como fuerza, parece ser una clave del pensamiento heideggeriano.

 

 

 

«La temporalidad hace posible la unidad de la existencia, la facticidad y la caída, constituyendo así originalmente la estructura de la cura. Los elementos de la cura no están simplemente amontonados, como tampoco la temporalidad misma va "con el tiempo", componiéndose de advenir, sido y presente. La temporalidad no "es", en general, un ente. No es, sino que se "temporacía". Por qué, sin embargo, no podemos menos de decir: "la temporalidad es´ el sentido de la cura", "la temporalidad es de tal o cual forma", sólo puede hacerse comprensible por medio de la idea aclarada del ser y del "es" en general. La temporalidad temporacía, y temporacía posibles modos de ella misma. (…)»

 

«La temporalidad es el original "fuera de si" en y para sí mismo. Llamamos, por ende, a los caracterizados fenómenos del advenir, el sido y el presente los “éxtasis” de la temporalidad. Ésta no empieza por ser un ente que luego sale de sí, sino que su esencia es la temporación en la unidad de los éxtasis. Lo característico del "tiempo"” accesible a la comprensión vulgar consiste entre otras cosas justamente en que en él, en cuanto pura secuencia de ahoras sin principio ni fin, resulta nivelado el carácter extático de la temporalidad original.»

 

(Martin Heidegger, El Ser y el Tiempo, Fondo de Cultura Económica, pag 356)

 

 

 

Si volvemos a nuestro ejemplo del reloj, ejemplo imperfecto aunque importante, ahí distinguimos muy bien la temporalidad – el muelle del reloj – del tiempo vulgarmente comprendido, impropio, que parece  continuo– los números del disco – y del ente ser-ahí y otros – las manecillas- y del ser –el aparato del reloj en su globalidad. Pero la temporalidad es una estructura que articula dos polos opuestos, el del ente y el del tiempo. Así la temporalidad temporacía, fabrica el tiempo, desde el telón de fondo del ser. En cuanto muelle, simbólicamente hablando, en cuanto “pieza de metal” que goza de elasticidad, la temporalidad engendra directamente el verdadero tiempo, ontológico, es decir,  el movimiento del muelle que genera la progresión de las manecillas sobre los números enmarcados en el disco. Este movimiento del muelle se va ralentizando gradualmente y tiene un término, simbolizado por la muerte del ser-ahí, lo que prueba que el tiempo no puede ser nivelado en toda su “extensión”.

 

 

 

Además Heidegger resaltó el carácter preeminente del advenir en el tiempo original, es decir, en el tiempo del sujeto (ser-ahí) el futuro es más importante que el pasado y sobrepuja incluso al momento presente aunque invade este. Pero el advenir o tiempo originario del “ser-ahí” es finito:

 

«El fenómeno primario de la temporalidad original y propia es el advenir. (…) La cura es “ser relativamente a la muerte”. (…) En semejante “ser relativamente a su fin” existe el “ser ahí” total y propiamente como el ente que puede ser “yecto en la muerte”. El “ser-ahí” no tiene un fin al llegar al cual pura y simplemente cesa, sino que existe finitamente

 

 

(Martin Heidegger, El Ser y el Tiempo, Fondo de Cultura Económica, pag 357)

 

  

 

El tiempo originario es el del ser-ahí. Y hay un tiempo derivado, de los entes intramundanos, que sobrepasa el de este o aquel ser-ahí que onticamente (en apariencia) muere, pero no es cierto que sea independiente de todo “ser ahí” – si lo fuera, tendríamos el realismo gnoseológico, lo que Heidegger rehuye.

 

 

 

En apariencia, el ser preexiste al tiempo, en un modo algo similar al de Platón: el mundo del Mismo, ser eterno, es anterior al mundo del Semejante, es decir, al mundo del Tiempo y los Movimientos de los cuerpos celestes que le expresan. Quizás Heidegger sustituyó el Mundo del Mismo del «Timeo» platónico por el "ser-ahí" que es creador o co-creador del tiempo originario.

 

 

www.filosofar.blogs.sapo.pt

 

f.limpo.queiroz@sapo.pt

 

© (Direitos de autor para Francisco Limpo de Faria Queiroz)

 

 

 



publicado por Francisco Limpo Queiroz às 13:35
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